¿Por qué me cuesta tanto hablar de esto?

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”.  Santiago 5:16

En esta oportunidad quisimos comenzar este artículo a partir de esta verdad bíblica, ya que muchas personas que luchan con AIMS viven su proceso completamente en silencio. Detrás de ese silencio suele existir una pregunta difícil de expresar: ¿Por qué me cuesta tanto hablar de esto?

Hablar de aquello que nos produce vergüenza, miedo o confusión nunca es fácil. Muchas veces pensamos que, si alguien conoce nuestra lucha, seremos rechazados, juzgados o vistos de una manera diferente. Por eso preferimos esconderlo.

Sin darnos cuenta, comenzamos a vivir aislados emocionalmente, cargando solos con pensamientos, emociones y luchas que se vuelven cada vez más pesadas. Y aunque el silencio pareciera protegernos, muchas veces termina convirtiéndonos en una prisión.

Y es que aislados somos presa fácil del enemigo y extremadamente propensos a recurrir a estrategias que nos ayuden a aliviar ese dolor que queremos mantener en silencio. Es acá donde nacen, se alimentan y crecen las adicciones.

Para entender mejor esta idea queremos que pienses en un hongo. Ciertas clases de hongos crecen y se desarrollan mejor en la oscuridad. Sin embargo, rara vez crecen en un lugar donde hay mucho sol. Si tienes alguna prenda de vestir que ha estado guardada por mucho tiempo en un lugar oscuro y húmedo, y ya tiene una capa de moho, al sacarla a la luz solar empieza a perder el mal olor y el moho empieza a secarse y a morir.

El secreto funciona de una manera muy parecida. Igual que el moho prospera en lugares oscuros y húmedos, las luchas que permanecen ocultas suelen fortalecerse cuando nunca salen a la luz. Mientras permanecen encerradas en el silencio continúan alimentándose del miedo y la vergüenza. Pero cuando son expuestas a la luz de Dios y mediante un acompañamiento seguro, comienzan a perder el poder que ejercían sobre nosotros.

Lo que ocultamos, suele crecer en la oscuridad. La vergüenza nos aísla, el miedo nos paraliza y el secreto comienza a robarnos la libertad que Dios desea para nosotros.

Pero Dios nunca diseñó nuestros procesos para vivirlos completamente solos. Por eso Santiago 5:16 nos muestra algo tan importante: La confesión, el acompañamiento y la oración son parte del camino hacia la sanidad.

Esto no significa contarle tu vida a todo el mundo. Significa dejar de cargar esta lucha en completo aislamiento y permitir que las personas correctas puedan caminar contigo. Busca a alguien maduro espiritualmente, que pueda escucharte con amor, orar contigo y acompañarte sin condenarte. Dios muchas veces usa a otras personas para sostenernos mientras seguimos caminando.

Hablarlo no te hace débil. Al contrario, puede ser el inicio de un camino hacia la libertad. Tal vez hoy sientes que jamás podrás expresarlo, que el peso de esta lucha es demasiado grande o que nadie podría entenderte. Pero quiero recordarte esta verdad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” - Filipenses 4:13

Con la ayuda de Dios, sí puedes hablarlo. Sí puedes dejar el aislamiento. Y sí puedes comenzar un proceso de sanidad acompañado por otros. Porque aquello que sale de la oscuridad… pierde el poder que tenía sobre nosotros.

Los secretos alimentan la vergüenza, pero cuando son confesados delante de Dios y compartidos con las personas correctas, la vergüenza deja de gobernar nuestra historia.