Dejar de ser para ser más
¿Sabías que para que una semilla produzca una nueva vida es necesario que deje de ser un simple grano seco para pasar a convertirse en un organismo? La "muerte" de esa semilla es una metáfora de la germinación, donde la estructura externa de la semilla debe partirse para liberar la vida que lleva dentro.
Quizás no suena muy lógico que deba caer, partirse y morir para dar fruto, no es una manera muy lógica de dar vida. Sin embargo, no sólo en el reino vegetal sucede eso, también en el reino espiritual. Así lo dice la palabra de Dios: “Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda sólo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Juan 12:24
Para la mayoría de humanos, pensar en morir genera resistencia. Es antinatural pensar en lo que representa morir, esto en el plano de la vida natural. Sin embargo, en el ámbito espiritual la muerte representa el sacrificio y renuncia necesarios para dar lugar a algo nuevo, para dar fruto.
Jesús murió para darnos vida nueva, cuando aceptamos a Jesús como nuestro Señor y Salvador morimos también al pecado y resucitamos con Él a una nueva manera de vivir, nacemos de nuevo.
Pero nuestro viaje no termina ahí, en el proceso de santificación al que somos llamados, se requiere constantes sacrificios, necesitamos seguir muriendo a muchas viejas maneras de vivir, viejos patrones y creencias. Solo de esta manera es que comenzamos a dar el fruto que Dios quiere producir a través de nosotros.
Una de esas maneras de morir es reconocer que fuimos heridos en el pasado, que fuimos abusados de una u otra manera. Sin duda, ardua tarea es llegar a este punto, porque requiere ver el pasado, ver mi historia, mi infancia y eso incomoda, duele y no es agradable.
Justamente esa sensación de incomodidad se torna en una de las principales razones para evitar pensar en aquellas heridas. Otro argumento para esquivar momentos álgidos del pasado, se encuentra estrechamente relacionado con creencias distorsionadas tales como que si hablo acerca de mi infancia, niñez y adolescencia, estaría emitiendo juicio contra mis padres, estaría deshonrándolos, poniendo condenación sobre quienes me hirieron abusando de mí.
Es también frecuente utilizar “frases escudo” del tipo: “no recuerdo nada” y “tampoco quiero intentar hacerlo”; “si no recuerdo nada, es porque todo estuvo bien”. Esta línea de pensamiento conduce al cierre de la mente y del corazón, lo que impide abrir los oídos espirituales y no deja espacio para preguntar a Dios: “¿Hay algo en mi pasado que necesita ser trabajado?”.
Es probable que, si no recuerdas nada de tu infancia, se deba al uso de mecanismos de defensa que bloquearon eventos dolorosos, vergonzosos o traumáticos para protegerte del dolor que te causaron. Eso no significa que los recuerdos no están ahí, al contario, aún permanecen, pero en modo reprimido. Debes saber que ese bloqueo puede terminar, los recuerdos pueden ser liberados al ser evocados con la guía del Espíritu Santo. No dudes ni por un momento que Dios puede traer luz sobre tu pasado. El Señor promete que si clamamos Él responde, Él puede revelarte cosas oscuras y ocultas que no recuerdas y darte la fortaleza para enfrentarlas (Jeremías 33:3).
Existe también un factor que genera resistencia a trabajar eventos del pasado: es el miedo al dolor, es muy común que como humanos evitemos el dolor a toda costa. Siempre preferimos el placer al dolor.
Sin embargo, el dolor muchas veces nos enseña lo que el placer no puede y de ahí la importancia de abrazar el dolor, no como un enemigo, sino como un maestro, pues en manos de Dios el dolor es reciclado para Su gloria.
Necesitas saber que ocultar tu pasado, esconder tus heridas, ignorarlas o minimizarlas no harán que desaparezcan o prescriban, solo te mantendrán con un ancla en el pasado que repercute en tu presente en maneras de pensar, sentir y actuar.
Hasta este punto, quizás surge la pregunta: ¿Cómo puedo comenzar a morir para dar fruto? Aquí algunos pasos sugeridos:
1) Reconocer que fuiste herido. No puedes sanar lo que no reconoces.
2) Decidir abrir aquellos compartimientos de tu vida que han estado sellados.
3) Aceptar que necesitas hablar de ese pasado y adicionalmente aceptar que hablar del pasado no es juzgar, condenar ni deshonrar a tus progenitores.
Tomar estas decisiones requiere sin duda valentía, pero con la ayuda de Dios puedes hacerlo, recuerda que: “Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”, 2 Timoteo 1:7 RVC. Ten presente que no lo harás solo, lo harás tomado de la mano de Dios y por el Poder de su Espíritu.
Es probable que cuestiones si traerá algún beneficio tomar estas decisiones o es una mera pérdida de tiempo, total llevas muchos años con esto y podrías continuar así. Al respecto quisiera mencionarte algunos beneficios que encontrarás al morir para vivir:
- a) Primero que nada, podrás alcanzar la plenitud de Cristo a la que has sido llamado.
- b) Morir a las heridas, miedos y resentimientos del pasado te ayudará a dejar de definirte por lo que pasó.
- c) Dejar atrás ese pasado procesándolo te permitirá dar fruto, cumpliendo el propósito de Dios para tu vida.
- d) Cuando decidimos soltar aquellas cosas que están hiriendo nuestras almas, somos libres para elegir y aprender nuevas maneras de ser. El Espíritu genera una nueva determinación en nosotros que nos conduce a dejar que nuestra mente sea renovada.
Una verdad a abrazar que nos mantiene enfocados en diversos procesos de sanidad es: “Nunca terminaremos de sanar en esta tierra, pero cada día dejamos que Dios nos sane un poco más”.
Luego de todo lo expuesto, te invito a responder esta pregunta de la manera más honesta: ¿Estás amando más estar en tu zona de confort que dar el paso de salir de ahí y enfrentar tu pasado, por muy oscuro que sea? ¿Estás dispuesto a ser como esa semilla que necesita dejar de ser para ser más? Responde cada pregunta delante de Dios, de manera honesta y vulnerable. Luego toma la decisión de abrazar el proceso que Dios quiere iniciar en ti.
En el próximo artículo estaremos hablando acerca del “abuso”, que es una de esas anclas que nos mantienen esclavizados y no nos dejan crecer espiritualmente. ¡No te lo pierdas!
