Fuiste herido por el pecado sexual de otros. Este es tu primer obstáculo para sanar
Existe una reacción generalizada cuando de pecado sexual se trata: el silencio. Sin importar que la persona esté cometiendo el pecado (acá hablamos de consumo de pornografía, fornicación, atracción indeseada al mismo sexo), o sea víctima del pecado sexual de otros (la infidelidad de una pareja o haber sido abusado sexualmente), la experiencia nos muestra el mismo resultado: el silencio.
Ahora bien, lo que pasa con el silencio es que provee el ambiente adecuado para alimentar toda clase de reacciones pecaminosas como el rencor, los deseos de venganza, el maltrato físico o emocional, que son cosas con las que se suele luchar cuando se vive el adulterio de una pareja; o el odio y las mentiras que acentúan una falsa identidad, muy común en quienes han pasado por alguna experiencia de abuso sexual.
Esto sin mencionar la lucha que viven los que enfrentan una adicción con el consumo de pornografía y el gran conflicto dentro de ellos mismos que experimentan quienes sienten una atracción indeseada hacia el mismo género. En ambas situaciones se lucha con mucha vergüenza en medio de un silencio que, lejos de ayudar, hunde más a quien se encuentra en esta situación.
En mi caso pude ver cómo la decisión de luchar en silencio me llevó a ponerme varias máscaras con las que terminé por sepultar mi genuinidad. Al cabo de unos años la obra original de Dios, aquella que está narrada de una manera tan hermosa en el Salmo 139, yacía irreconocible debajo de tantas capas de fingimiento. Viví lo que hace poco leí en una publicación: el trauma tiende a aislar, pero el aislamiento prolonga la herida.
Me convertí en una obra adulterada por los esfuerzos para que nadie se diera cuenta de lo mal que estaba. Por experiencia propia, sé que uno se puede convertir en un experto del engaño, en el mejor actor de una parodia de vida que no es la que Dios diseñó para uno. Hasta yo mismo estaba engañado, pues no sabía que era adicto a la pornografía hasta que conocí la verdad del evangelio y entendí que lo que hacía en tinieblas no era compatible con la luz.
Entonces intenté dejar la pornografía y no pude. Decidí mantenerla en secreto al igual que mi atracción indeseada por el mismo sexo, que venía de cuando en cuando con ciertos hombres y en situaciones muy específicas. Si bien no era algo muy fuerte, sí era algo con lo que luchaba en secreto.
También he escuchado testimonios de personas que han sido abusadas sexualmente y deciden callar, y, aunque mi vivencia es diferente, el resultado no dista mucho de lo que fue mi realidad. Ellos también terminan viviendo una doble vida, desconectados de su genuinidad y dirigiendo su vida según las marcas del abuso.
Hay una analogía que me ayudó a entender la magnitud de mi pecado. Hay ciertos tipos de hongos que crecen y se fortalecen en la oscuridad; en lo secreto, en lo oculto. El rencor, los deseos de venganza, la separación emocional, la murmuración que producen la infidelidad de una pareja, por ejemplo, encuentran un lugar seguro para crecer y fortalecerse en el secreto, en el silencio, en la soledad.
Y así nos vamos desconectando de los demás, abrazando cada vez con más fuerza la idea de que tenemos que hacerlo solos porque nos aterra el hecho de que alguien descubra que nos avergüenza que alguien haya abusado de nosotros; o que nos duele que nos hayan traicionado; o que sentimos culpa de tener atracciones que no podemos controlar y que ni siquiera entendemos de dónde vienen… en otras palabras, tememos que se den cuenta de que somos vulnerables.
Pero la vida es irónica porque es justamente nuestra capacidad de ser vulnerables ese haz de luz capaz de debilitar y finalmente matar ese hongo que ha crecido en la oscuridad. En la Palabra encontramos varios versículos que hacen referencia a esta vulnerabilidad que se expresa a través de la confesión.
“El que disimula su pecado no prosperará; pero el que lo confiesa y lo deja, obtendrá misericordia”. Proverbios 28:13 NBV
“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados”. Santiago 5:16 RVR 1960
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9 RVR 1960
En mi caso, ese instante de vulnerabilidad llegó en dos momentos específicos. El primero, fue cuando me senté con dos hermanos de mi congregación y les conté acerca de mi intensa lucha con la pornografía. Hasta ese momento había logrado proyectar un cristianismo perfecto, sin mancha… un ejemplo para muchos. El segundo momento fue cuando le confesé a mi esposa sobre mi atracción indeseada hacia otros hombres.
En ese momento no pude dimensionar lo que estaba pasando en mi vida, y nunca hubiera podido hacerlo… en realidad nadie puede darse cuenta con exactitud de lo que sucede cuando se decide por la vulnerabilidad; y la razón es muy simple, pero poderosa: la luz atraviesa las tinieblas sin hacer ruido. Su trabajo para desplazar a la oscuridad es quirúrgico, preciso y silencioso.
Comienza con un pequeño rayo de luz que se abre paso en medio de la vergüenza, la culpa, el orgullo y las mentiras. Se necesita valentía, coraje, arrojo, decisión, impulso… todo esto nace de un deseo intenso de ser libre de esto que nos ata, que no nos deja, que nos ha mantenido contra el piso; nace del cansancio de sentirnos desorientados, perdidos y acorralados.
Me tomó meses reunir las fuerzas necesarias para atravesar por esos dos momentos de vulnerabilidad, pero ahora puedo decir que fueron un punto de no retorno en mi proceso de libertad del pecado sexual. Ese día la luz entró y se hizo cada vez más fuerte hasta alumbrarlo todo y hacer realidad lo que dice en Juan 1:5 “La luz brilla en la oscuridad, y la oscuridad jamás podrá apagarla”.
Si estás luchando con el consumo de pornografía o te encuentras lidiando con atracción indeseada al mismo sexo; o estás experimentando el dolor de las heridas del abuso sexual o la traición de tu pareja, los cursos que tenemos en LEC te brindan un lugar seguro en el que puedes hablar, confesar, orar, pedir consejo y dirección a un mentor que estará disponible para hacer seguimiento a tu proceso. Si bien no hemos pasado exactamente por lo que tú has pasado, los que servimos en Libres en Cristo hemos experimentado de alguna u otra manera el dolor y el alto precio que se paga en la lucha con el pecado sexual, así que te animo a ponerte por encima de cualquier emoción que te esté impidiendo pedir ayuda y te decidas por la vulnerabilidad.
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