Baja el volumen para escuchar mejor
¿Alguna vez te pasó que intentabas escuchar a alguien en un lugar con demasiado bullicio, que la voz de la persona era casi imperceptible? Experimentar esto te deja una sensación desagradable, porque por mucho que te esfuerces por escuchar, el elevado volumen de los estímulos llena tus oídos totalmente y no queda espacio para la voz de tu interlocutor.
Esa misma situación la experimentamos en el día a día. Hoy en día el bullicio del mundo es muy alto: lo que dicen las redes sociales, los influencers, comentaristas, artistas, corrientes de pensamientos. Todas estas voces estruendosas que nos ensordecen a diario son parte de nuestra cotidianidad. Estamos expuestos a demasiado ruido, somos bombardeados a diario por miles de mensajes de medios de comunicación, de personas y de nuestro entorno.
Estamos tan acostumbrados al bullicio, al ajetreo de la vida, la rutina que muchas veces nos absorbe por completo, que en esa carrera diaria nos cuesta muchísimo encontrar esos tiempos de calma, de quietud para poder conectarnos, para poder bajar el volumen al ruido y enfocar nuestros oídos en esa suave voz que Dios usa para hablarnos.
Sin embargo, muchas veces no es el ruido exterior lo que nos desenfoca, distrae o ensordece, más bien ese alboroto lo llevamos por dentro en forma de emociones reprimidas, pensamientos y creencias equivocadas, temores, ansiedades, dudas, etc.
¿Te ha pasado que sientes que no escuchas la voz de Dios? Déjame decirte que muchas veces, cuando no escuchamos la voz de Dios, usualmente es debido al elevado volumen de otras voces que resuenan más fuerte, a veces cuando el ruido de los pensamientos, de los miedos, de los recuerdos están tan altos que se sobreponen al suave susurro de la voz de Dios.
Hay una historia en la Biblia que relata el encuentro de Elías con Dios, se encuentra en 1 Reyes 19:8-18. En estos versos se describe cómo después de muchas manifestaciones estruendosas del entorno (viento poderoso, terremoto, fuego) vino el suave susurro donde pudo escuchar a Dios claramente y cómo Dios le dio la guía y plan de acción que necesitaba en su caminar.
Esto está vigente hoy. Dios es el mismo que se encontró con Elías, su manera de hablar no ha cambiado con el paso de los años. Él continúa esperando para hablar, aguarda pacientemente que lo busques en tiempos de quietud, que bajes el volumen de las revoluciones de tu mundo interno y externo.
Hoy te animo a que reduzcas el barullo externo e interno y puedas escuchar esa apacible voz que te susurrará lo que necesites: palabras de ánimo, frases de amor o de afirmación, guía para tu vida, esperanza para el futuro. Recuerda, lo que necesites lo encuentras en Dios, Él te ama y desea encontrarse contigo en el silencio. ¡Él te espera cada día!
Te paso algunas sugerencias para empezar a hacerlo:
1) Sé intencional en apartar un tiempo - no importa si es breve- para estar en Su presencia.
2) Elimina el ruido interno y externo.
3) Cierra los ojos y concéntrate en una respiración lenta y consciente.
4) Enfócate en oír ese suave susurro de Dios. Pregúntale: ¿Qué me quieres decir?
5) Sé paciente en el proceso.
¡NO te rindas, vale la pena hacerlo!
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