Un día un loco dijo “el mejor mentiroso es el que cree sus propias mentiras”, ese loco era yo. Crecí en el seno de una familia Cristiana mas no puedo decir que tenía una relación con Papá.

Toda mentira tiene un comienzo y la mía comenzó como un juego. De pequeño podría decir que a los 4 o 5 años yo tenía la curiosidad de ver la ropa interior de las mujeres, hacia cualquier cosa, desde tirarme al suelo, hasta levantarles la falda, nunca me dijeron nada, creo que hasta lo veía como una broma. Conforme pasaron los años yo seguía en lo mismo sin encontrar un tope hasta que por “accidente” o descubrimiento encontré la masturbación a los 11 años. No puedo decir que fue porque encontré revistas pornográficas o vi una película XXX, fue un accidente en donde encontré que podía manipularme para encontrar satisfacción, este accidente se volvió repetitivo, puede sonar a excusa pero creo que nunca tuve la educación para saber que era malo, ni la confianza con los adultos para preguntar qué era lo que estaba experimentando.

Con forme los años al fin, un libro me dio la respuesta y encontré que esto era pecado, pero como conté al principio, mi propia mentira me hizo creer que era algo natural, era conocerme a mí mismo. Poco a poco con el pasar de los años, como una gota que cae en el mismo lugar, fui sucumbiendo más y más hasta que caí en un mundo obscuro.

Queriendo encontrar aquello que nunca iba a satisfacer el vacío de mi corazón, donde mi pecado me llevó a cosas como el maltrato hacia las mujeres, el adulterio, el sadomasoquismo, fetichismos y cosas por el estilo.

Un día, después de 21 años sumergido en un lugar del que creí no iba a salir, un domingo por la mañana le entregué a Dios mis cargas, ese mismo día me recogió en sus brazos y me hizo comprender lo maravilloso de su amor, ese amor que podía tapar cualquier agujero en mi corazón. Poco a poco fui siendo rescatado, llevando los procesos y caminos que Dios quería para mi vida hasta que me topé con el más duro de ellos, mi adicción al sexo.

Gracias a Papá pude encontrar Libres en Cristo, he encontrado confort en sus enseñanzas y la manera correcta, no solo de atacar y vencer si no de mantenerme puro para Dios y de entregar mi vida y mi cuerpo como un sacrificio digno para Dios.

He entendido tantas cosas y he aprendido tanto de mi vida nueva en Cristo que no puedo estar más feliz de sentirme hijo de Dios y de saber que bajo sus alas soy resguardado, que él va de la mano conmigo y que por la sangre de Jesús mis pecados fueron pagados y soy redimido, mi viejo yo quedo en el pasado ahora soy hecho nueva criatura.

Le Agradezco mucho a mi mentor Kevin Alvarenga por estar al pendiente de mí y guiarme en este proceso que si bien no fue fácil, es de lo mejor que me ha podido suceder en la vida.