Estimado lector, quisiera quitar unos segundos para contar que ha sucedido en mi vida, pues quizás te sientas identificado con lo que diré, en especial si crees que no eres tan malo como otros y que te esfuerzas por ser correcto. Comencé este curso por recomendación de mi pastor, aunque creía que no serviría de mucho pues yo miraba a mi entorno y creía actuar de forma normal según mi género, no me veía como un adicto a la pornografía o algo por el estilo.

Mi único pecado en el área sexual consideraba en ese momento que era haber sido infiel una única vez a mi esposa, que si bien no era mucho (en cantidad), me pesaba pues no solo había fallado a mi esposa y a mi mismo, sino que a Dios, y esta caída no me dejaba la conciencia tranquila. Cuando comencé el curso, la primer pregunta fué ¿para qué hacia esto?, si para mi o para la gloria de Dios. Esta pregunta me llevó a detenerme a pensar, darme cuenta que mis intentos de alejarme de lo atractivo del sexo ilícito (que era lo que me había llevado a caer), nunca había sido pensando en la gloria de Dios.

Al avanzar en el curso, fui encontrando que no tan solo pesaba en mis hombros la etiqueta “infiel”, sino que analizando mi vida cosas que para el entorno (social, laboral) son normales como la pornografía, era también “pervertido”, quizá no en la moral del mundo, pero si cuando comparaba mis actos ante la luz de la palabra de Dios. Darme cuenta que esto también era idolatría fue un golpe en mi vida (según yo no era un idólatra), me golpeó como muchas cosas de las que me percaté en este curso.

Es increíble partir pensando en que uno no es “tan malo” como otros, y darse cuenta que en el corazón y en la mente que uno si es malo, infiel, egoísta, idólatra y está tan corrompido que no se da cuenta de esto hasta que no se hace una pausa y se analiza todo a luz de la verdad. Muchas de las preguntas del curso llevan a constantes cuestionamientos internos a la luz de la Biblia, que no son cómodos, pero que son necesarios, no encontrarás acá juicios o un conjunto de normas, sino más bien experiencias de gente como uno, como tu o como yo, con sus luchas y sus victorias siguiendo pasos a la luz de los versos de la Biblia.

Particularmente siempre pensé en que las luchas que vivía en mi vida, mis deseos, esa sensación constante de no lograr hacer lo bueno, era normal, que era parte de ser humano, sin embargo hoy me doy cuenta que esa es una mitad de la historia, la otra mitad es que debemos darnos ánimo, soportar unos las cargas de los otros en oración, y buscar el concejo de compañeros de camino es necesario y bíblico, alentarnos y enseñarnos de la obra de Dios.

Comprendí que es posible el cambio, no porque yo pueda, sino porque la victoria sobre el pecado no es mía, es de Jesús. Él lo logró y nos justificó declarándonos justos, nos dio nuevas etiquetas, en vez de infiel, justo; en lugar de pervertido, santo. Comenzó a renovar mi corazón y mis pensamientos, han habido muchos cambios internos, los cuales poco a poco se reflejan hacia afuera. La mochila de la culpa ya no la cargo, la entregué a Jesús, entendí el verso que dice “porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” que antes lo leía, sin entender como hoy que lo vivo.

Hoy sigo atento a las tentaciones diarias con el objetivo de no caer, atento a seguir fielmente las enseñanzas bíblicas, consciente que el evangelio no consiste en seguir una serie de normas, sino que en aceptar que la salvación es un regalo de Dios, pues Jesús pagó por nosotros. Que la salvación no es solo de nuestras almas, sino que de nuestro ser por completo y de nuestras relaciones, que junto con la salvación nos dá hermanos en la fe que son tan imperfectos como uno.

Que debemos alentarnos mutuamente a practicar la santidad, que no es mas que al momento de caer, confesar y pedir perdón, restituir los daños y seguir adelante. Como dice Filipenses 3:13 y 14 “No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.”