Hace 14 años, después de un doloroso divorcio conocí al Señor Jesús, gracias a la misericordia de Dios y a una amiga que me llevó a un grupo pequeño. Era el momento justo para conocer al Señor, a pesar de que era un cristiano católico a mi manera, debido a que estaba pasando por mucho dolor por perder a mi familia. La razón de mi divorcio fue precisamente por llevar una vida de pecado sexual, en donde la promiscuidad, la pornografía y la masturbación eran parte de mi estilo de vida. Llegué a tal punto de ceguera que creía que todo lo que hacía era de verdaderos hombres y me sentía muy orgulloso de eso. Tenía que suceder algo realmente dramático para que mi vida cambiara, y así fue: un Divorcio.

Empecé a acercarme a Dios y a visitar una nueva iglesia cristiana, algo nuevo para mi. Mi devoción por Dios era alta puesto que fui educado y criado en una familia y en un colegio católico, por lo que los cimientos cristianos estaban ahí. Mi vida después del divorcio continuó siendo la misma, estando en adulterio, fornicación, masturbación y pornografía, pero mi mente empezaba a ser renovada gracias a la palabra de Dios. Mi involucramiento en las cosas de Dios creció fuertemente y sentía la pasión por una vida renovada y sentir la presencia de Jesús en mi vida.

Entendí durante este tiempo que el adulterio y la fornicación eran conceptos duramente rechazados por la palabra de Dios, por lo que empecé a cambiar. Me hice novio de una mujer cristiana y sabía que la pasión y deseo por el sexo era muy fuerte para mi, por lo que después de 8 años de divorciado y cuatro de ser novios preferimos casarnos para no vivir en tentación y en pecado.

Dios cambió mi corazón y forma de pensar, porque una vez casado nunca más volví a tener una relación de adulterio, le he sido totalmente fiel a mi esposa. Esta situación para mi fue verdaderamente una victoria y podría catalogarla como milagro de Dios, porque toda mi vida, desde adolescente, fui una persona con ataduras al pecado sexual. Por lo que le doy la gloria y honra a Dios de haberme cambiado, lo que yo nunca pude hacer con mis fuerzas.

En mi matrimonio con mi esposa, nos empezamos a acercar más a la iglesia y empezamos a servir en distintas áreas, sin embargo, nuevamente el pecado sexual me coqueteaba y el deseo sexual se volvía a apoderar de mi. Sin embargo sabía que el adulterio era una práctica que dentro de mi era abominable para Dios y que nadie salía impune del mismo, además fue la razón por la que perdí a mi primera familia, por lo que definitivamente no estaba dentro de mis posibilidades.

Por lo tanto, empecé a ver un poco de pornografía y a tomar vídeos y fotografías durante mis relaciones con mi esposa. La pornografía rápidamente la dejé porque cada vez la palabra de Dios me redarguía, sin embargo cada vez obligaba a mi esposa a tomar fotografía y a tener conversaciones de sexo prohibido con ella y hasta fantasías. Todo esto me lo justificaba yo mismo porque todo lo que hacía era con mi esposa por lo que estaba “permitido”, sin embargo, cada vez las conversaciones y fantasías aumentaban de nivel hasta llegar a tener pensamientos perversos y con muchos deseos de querer llevarlos a cabo.

Todo esto sucedía al mismo tiempo que yo me entregaba más a la iglesia, a mi grupo pequeño y al servicio comunitario. Por supuesto que todo en secreto y demostrando a los demás lo santo y religioso que era. Sin embargo, dentro de mi había una fuerte lucha, porque cada vez que esas fantasía y pensamientos venía a mi, luchaba con ellas y no podía salir, porque eran más fuertes que yo.

Desde que conocí a Jesús fui muy disciplinado en la oración, lectura de la palabra de Dios y congregarme, por lo que habían dos fuerzas con las que diariamente luchaba: La palabra de Dios y el pecado sexual. Yo sabía que tarde o temprano si Dios no me ayudaba cometería actos perversos del pecado sexual, arrastrando a mi esposa a la que no estaba en nada de acuerdo. Por lo que un día las predicas en la iglesia y los anuncios en Twitter del programa de Libres en Cristo me llevó a tomar la decisión de buscar ayuda. Incluso lo postergué varias veces pensando en que yo podría solo, incluso a través de la oración y el ayuno, pero no fue así, acepté el programa de Libres en Cristo.

El curso de Libres en Cristo me impactó desde la primera lección, y recuerdo que la primera pregunta fue: ¿Cuál es mi motivación para dejar el pecado sexual? Siempre mi deseo de dejar el pecado sexual era mi propio bienestar y satisfacción, aun cuando fueran los más nobles deseos o intenciones como lo es mi matrimonio, pero nunca era darle la gloria a Dios.

Hoy después de haber terminado el curso, sigo recordando ese primer versículo: “…todo lo que hagais, hacedlo para la gloria de Dios” 1 Corintios 10:31, además de otro que dice: “…gracias a la misericordia de Dios, en adoración espiritual, ofrezcan su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” Romanos 12:1, por lo que ofrezco a diario mi cuerpo (mente, ojos y cuerpo) como adoración espiritual a Dios.

Todo el programa de libres en Cristo está perfectamente diseñado. La participación de un mentor es vital, así como también un compañero de responsabilidad. Sin estas personas de Dios es muy difícil enfrentar la batalla. Gracias a Dios y al equipo de Libres en Cristo.