Cuando tenía 5 años abusaron de mi, y durante mi adolescencia fueron pocas las veces que vi pornografía, pero con el tiempo empecé a masturbarme porque quería sentir placer, experimentar lo que veía en aquellas películas, para mí eso era normal ya que creía que no hacía mal a nadie al hacerlo sola.

Al cumplir 27 años empecé a asistir a otra iglesia cristiana, la cual en el grupo de jóvenes escuché que eso no era correcto ante los ojos de Dios, entonces le pedí perdón, me arrepentí y así lo hice muchas veces en el intento de dejar ese pecado.  Por dos años dejé de hacerlo, pensé que ya estaba sana hasta que hace dos años tuve una relación sentimental en la que hubo caricias y besos apasionados, por tanto volví a caer en la masturbación. Cuando decidí cortar con esa relación que iba en contra de la voluntad de Dios, me sentía culpable, una vil pecadora pensando que Dios no podría perdonarme.

Fue entonces que Él permitió que le contara a una gran amiga las luchas que estuve pasando y ella me recomendó este curso con el cual pude sacar a luz mi pecado y darle la espalda al mismo. El Señor me ha ayudado a dar mas tiempo a la lectura de su Palabra y comprenderla para no seguir siendo esclava del pecado.

La relación íntima y diaria que tengo con mi Dios ahora es más estrecha, eso ha permitido cambiar mi forma de pensar, actuar y comprender que me perdona y me ama a pesar de lo que halla hecho en el pasado, pues ahora soy una nueva criatura en Cristo. Me ha dado otra oportunidad y ahora estoy de pie por su gracia y misericordia al dar su vida en la cruz derramando su sangre para el perdón de pecados.

Ahora que he culminado el curso, ha cambiado mi relación con mi familia, pues me siento libre de actuar tal y como soy, sin mentiras ni engaños, por todo lo que ha hecho Dios en estos dos meses puedo caminar en libertad, por tanto la gloria es para El por siempre.