Lo que en teoría podría ser una vida perfecta, una chica cristiana que tiene  varios ministerios, buena hija, con una carrera que tenía cierto éxito, independencia económica y una supuesta estabilidad emocional, la sobrina ejemplo, la mejor hermana y aunque por muchos años quise convencerme de que esto era cierto, lo único real es que en mi había un vacío enorme que creía que con ocultarlo todo estaría bien, pero ese vacío sólo iba ahogándome y destruyéndome cada día. Llevaba una doble vida, donde esa enorme carencia de identidad me llevo a buscar donde no debía. Si bien mi niñez no fue mala, el despertar de mi sexualidad  tan pequeña no fue realmente bueno; desde niña fije en mi mente que el amor se demostraba con acciones que llevaban un deseo sexual, a la edad de 5 años mi definición de amor era igual a sexo.

Al ir creciendo todo sobre sexo lo aprendí de  mis amigos, obviamente de una forma distorsionada, lo que en mi clavó un sentimiento de miedo. Desde los 10 años he peleado con mi peso, yo era gorda, era fea, nadie nunca se fijaría en mí y ese pensamiento me acompañó durante muchos años más. Este pensamiento de cierta forma me  alejó de  buscar la posibilidad de ser amada por alguien, aunque el deseo estaba ahí latente al ver a mis compañeras que tenían novio, que las llenaban de detalles y que yo no podría ser amada provoco que mi corazón se endureciera. A los 16 era una joven amargada, no tenía amigos, no hablaba con nadie, tenía una rivalidad y cierto odio a mis padres. Un año despúes conocí a Cristo, empecé a congregarme, servía en mi iglesia y aunque no me adaptaba ser cristiana me daba esperanza. Todos esos pensamientos que me atormentaban, los guardé. Después de una decepción amorosa despertaron con mucha intensidad, tenía hambre de ser amada y  fue así que comencé a aislarme más, pasaba horas en mi cuarto llenando ese vacío con pornografía, que se transformó en horas y horas en salas de chat y nunca era suficiente, mi identidad cada vez era más pisoteada, cada vez me alejaba más de Dios, odiaba mi vida y el deseo de sentirme amaba solo crecía. Erróneamente el pecado me llevó a abrir puertas de lesbianismo en mi vida, durante un año tuve una novia a distancia,  ese año fue un tiempo de batallas diarias, por un lado ella satisfacía ese deseo de mi corazón, de mi mente, pero por otro me sentía sucia, humillada, derrotada y frustrada. Dejé de soñar, deje de creer que algo bueno habría en mí. Dios en su infinita gracia me rescató, me sacó de esa situación y me puso de pie. Deje todas las prácticas de pornografía, masturbación, lesbianismo. Le pedí perdón a Dios con un corazón realmente arrepentido y Dios me perdonó. Cambié de iglesia y ciertamente empezaron a sanar mis heridas, me costó mucho trabajo porque mi corazón se resistía, pero pude sentir como Dios me iba restaurando. Juraba que nadie jamás se enteraría de eso que tenía oculto, pensaba que al no contarlo nadie tenía porque enterarse. Y pude alejarme de todo el pecado, volví a servir en mi iglesia, podía ver como Dios me amaba, pero el pecado oculto seguía cobrándome factura y volví a ceder.  Me sentía tan mal con Dios, me sentía humillada y reconocía que necesitaba ayuda, no quería que nadie se enterara de las luchas que tenía pero no podía más.

Fue una noche, después del servicio de un domingo que llegué llorando y pidiéndole perdón a Dios, pidiendo su ayuda para sacarme de esta vida. Yo conocía de Libres en Cristo de hace años atrás, tenía idea de que se trataba pero nunca decidí inscribirme al curso, no tengo tarjeta de crédito por lo tanto no podía comprar el curso y ni pensar en decirle a alguien que me permitiera usar su tarjeta para pagar, me horrorizaba la sola idea de que alguien se enterara. Una noche literalmente me sentía destrozada así que me aventuré en escribir a la administración de Libres en Cristo para que me dijeran a donde depositar, el ser de México me impidió hacer un depósito a una cuenta en Guatemala. Al día siguiente recibí respuesta de Libres en Cristo, me decían que al analizar mi situación decidían otorgarme una beca, recuerdo que comencé a llorar y a agradecer a Dios por su infinita a Gracia. Desde ese día me comprometí totalmente con el curso, al leer las lecciones me identificaba y me llenaba de esperanza al saber que alguien sentía lo mismo. Dios,  Libres en Cristo y este curso de Visión Clara no solo me han hecho libre del pecado sexual, de verdad me han abierto los ojos de mi alma y mi espíritu para identificar de raíz el daño, en cada lección he podido ver como Dios me va mostrando dejar de ser yo para permitir que sea Él.  Buscar la gloria de Dios y romper ese esquema de la niña buena para ser una hija de Dios vestida de una identidad celestial. Mi mentora Karen González fue una ayuda increíble en este proceso, fue la primer persona con la que pude ser totalmente transparente, contarle todo aunque me avergonzara. Sus oraciones, sus palabras, saber que alguien más me apoyaba era alentador y reconfortante. En este proceso encontré la libertad primeramente por el amor de Dios, por la ayuda de este equipo de Libres en Cristo que son una verdadera arma de Dios en contra de las cadenas que el enemigo tiene sobre los hijos de Dios. Hoy no solo soy una mujer libre del pecado sexual, soy una hija que ha reconocido su identidad en Dios, ahora entiendo lo que es ser cristiana, entiendo el amor de Dios. Él destruyó ese abismo en el que vivía y a cambio me dio una roca de salvación que es su palabra. He vuelto a soñar, he vuelto a sonreír desde lo profundo de mí ser, puedo platicar con Dios, puedo ver su favor en mi vida. Y si tus estas pasando por una lucha así, hoy te digo que en Cristo todo es posible, Él es el único que puede liberarnos del pecado. NO esperes ni un día más, decídete a vivir y no sobrevivir.

 

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