MAXIMILIANO K.

//MAXIMILIANO K.

Quiero compartir mi testimonio exaltando por sobre todo a Cristo más que el curso en sí, pero al mismo tiempo seré sincero. Antes de tomar este curso, mi vida era una montaña rusa de pureza sexual: algunas temporadas me abstenía de masturbación y videos pornográficos, pero otras los consumía compulsivamente sin control.

Llevaba como 15 años para tirar un número con esta vida. En los últimos tiempos entendía de que esto no agradaba nada a Dios, que lo pisoteaba a Él; pero no podía evitar que me gustase más mi pecado que Dios. Así que pensé: hasta acá llego; no puedo hacer nada por mi cuenta para agradar a Dios; necesito ayuda. A partir de ahí, le oré a Dios para que me diera fuerzas para ser un siervo para Él renovado, y la valentía para pedir ayuda a gente cristiana de confianza. Y ahí fue que acudí a Libres en Cristo, cosa que no recuerdo bien cómo lo conocí; pero lo más probable haya sido navegando por facebook en mis ratos libres (Y si sucedió eso, gloria a Dios, porque me lo mostró para que después me acordara del curso y lo tomara).

Recuerdo muy bien el versículo clave del primer día: “Ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios – 1 Corintios 10:31”. Esto me llevó a renovar mi mente para que dejara mi inmoralidad sexual, no para agradarme a mí, sino para agradar a Dios, por medio de Cristo Jesús. Tomando la analogía del fútbol, fue como un buen saque de arco para empezar, lo cual con un buen juego de equipo, se llegó al arco contrario y metió un gol. Dios fue el director técnico. A Él le hice caso. Y a este resultado he llegado.

Durante el curso, Dios me mostró la raíz de mi inmoralidad: y eso era y es la idolatría. El preferir el placer de las fantasías sexuales que a Dios, el querer lograr la pureza por mi limpieza de conciencia que a Dios, o sea, de glorificar a mí o a mis ídolos. Pero además de eso, Dios me mostró más cosas: las razones de mi idolatría (heridas pasadas, mentiras construidas por la gente, etc). Pero por sobre todas las cosas, Dios me mostró en depender completamente de Él predicándome todos los días de Cristo y su cruz sobre mí, y de siempre estar atento y en guerra contra el pecado y las potestades de este mundo. Me mostró lo terriblemente sucio que soy, para darme cuenta que su gracia es infinitamente grande. Jesús murió por un pecador como yo. Y lo hizo gratis. ¿Cómo no puedo estarle agradecido? ¿Y cómo me atrevería a volver a pisotear su regalo?

Ahora que terminó el curso, estoy satisfecho y tranquilo. Me relaciono más abiertamente y sinceramente con otros, entre creyentes y no creyentes. Busco construir una relación personal con otros. Estoy alegre. Trabajo con mayor responsabilidad tanto en el ámbito secular como en el eclesiástico. Tengo nuevas visiones, nuevos sueños para concretar para Dios. Busco servir en todo lo que pueda, y lo hago con corazón sincero. Siempre estoy atento contra el león rugiente, contra las potestades, y contra mi naturaleza pecaminosa.

Someto todas las cosas a la autoridad de las Sagradas Escrituras. Veo que se recuperó más la imagen de Dios en mí, en pasos graduales. Y esto lo hizo Dios: me renovó, me santificó, me edificó. Y lo va a seguir haciendo hasta el fin. Y todo empezó con la sangre del Cordero, de su amor inagotable. No tiene fin. Amén. Dios en su momento oportuno me llamó y respondí para que por fin reconociera mi fragilidad y pidiera ayuda. Y en su tiempo, me proveyó de gente confiable.

Me siento libre al caminar en libertad, y que valga la redundancia. Cristo me salvó, y me fue santificando, y lo seguirá haciendo. Doy testimonio de su poder en mí.

2017-11-14T10:02:23+00:00 14 noviembre, 2017|
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