En mi infancia fui abusada sexualmente por una señorita que trabajaba realizando los servicios domésticos, una prima y un hombre que era muy amigo de la familia.

Mi padre no desempeñó su papel como debía hacerlo, no lo escribo para justificar mi vida de pecado, sino para manifestar que cuando identifiqué el origen de mis desviaciones sexuales, pude permitirle a Dios que sanara mi corazón a través de una decisión, el perdón.  Recuerdo que desde la adolescencia viví una lucha interna, por los valores morales que me inculcaron, sabía que no era correcto que mi mirada se desviara hacia las mujeres, pero era inevitable. Pensaba que tenía algún trastorno mental, después me refugié en la pornografía y masturbación, creía  que de esa manera no le hacía daño a nadie, pero estaba tan equivocada.

Conocí a Cristo y mi vida tuvo un cambio, el cambio duro solo unos meses; luego volví a la misma vida que llevaba. Por fuera todo parecía estar bien, pero al cerrar la puerta de mi dormitorio, todo era diferente, había perdido la esperanza y fe que algún día podría cambiar,  es que siempre lo había intentado con mis fuerzas, no con las fuerzas del Espíritu Santo. Tuve un amigo, que se convirtió en mi mejor amigo, después en mi novio y luego en mi esposo, sin embargo, estando casada tuve una relación de adulterio de la cual no me podía alejar, el vínculo era demasiado fuerte,  sentí que mi vida no tenía rumbo, no sabía qué hacer, todo era tan confuso, no tenía paz, no dormía bien, ni me alimentaba adecuadamente y fue en ese momento donde decidí inscribirme en Visión Clara.

Lo más difícil de aplicar fue el corte radical,   la voluntad de cambiar era más grande porque deseaba alinear mi vida al propósito de Dios, poco a poco todo fue mejorando, mi relación con Dios, conmigo misma, esposo, familia, antiguas amistades, nuevos proyectos empezaron a presentarse, puertas se abrieron, volví a sentir ese sabor por mi vida.

Desde lo más profundo de mi corazón quiero agradecer a mi mentora Yessy de Forkel, por todo su apoyo durante esta etapa, sus consejos fueron muy acertados para no arriesgar mi restauración, mi libertad, mi matrimonio, todo lo que había recuperado en ese tiempo. Fue una bendición haberla conocido, jamás tendré como retribuirle su valiosa ayuda, que Dios la bendiga siempre. El día de hoy finalizo este curso, cuando lo inicié consideraba que mi vida estaba arruinada, pero de esas ruinas Él me ha restaurado con tanto amor, ha hecho algo tan precioso. Hoy inicio una nueva etapa, mi proceso seguirá a lo largo de toda mi vida, el reto es permanecer firme, pero ahora todo es diferente, ya no me dejo llevar por mis emociones o  deseos y sigo rindiendo cuentas.

Me identificó con Rahab, el mundo la recuerda como una ramera, el mundo me recordará como alguien que prostituía sus amores, pero al igual que ella yo también tomé la decisión de cambiar mi vida por el propósito adecuado, para darle la honra y la gloria a Dios, el mismo Dios que llegó a considerar a Rahab entre las heroínas de la fe, así es como mi Padre me ve, Él no me recuerda por mi pasado ni mi pecado, y si viene a mi memoria esa vieja manera de vivir es para que no se me olvide del lodo cenagoso y  del valle de sombras de donde me sacó. Si estás en el curso de 60 días, y estás pensando abandonarlo, no lo dejes, no te desconectes, los que seguimos a Cristo no dejamos las cosas a medias, coloca tu mano en el arado y no mires atrás, si estás en la indecisión de iniciar este curso, hoy es el día.