Tengo 28 años, estoy casado hace 6 años y ya hace 9 años que estoy junto a mi esposa, con la cual tenemos 4 niños. Desde el año 2011 comenzamos a congregarnos. Mi lucha siempre había sido contra la masturbación y la pornografía. Recuerdo que desde el primer día que me congregué en mi iglesia le comenté esto a mi pastor, pero igualmente no me pude detener. Integré el coro de la iglesia, el grupo de teatro y hace 4 años que estudio en un Instituto Bíblico.

Quizás para los que veían mi vida desde afuera estaba todo bien, porque yo siempre demostraba estar bien y que todo marchaba bien para ocultar mi pecado. Reconozco que durante el tiempo que estaba en pecado fui un gran mentiroso, era algo que me salía muy natural. La masturbación me llevo cada vez a buscar más cosas que estimularan mi deseo sexual, con el avance de la tecnología se me hizo más fácil acceder a la pornografía. Muchas veces prefería quedarme solo en casa que salir con ella y mi familia para satisfacer mi deseo sexual, tristemente confieso que he pasado horas delante de mi computadora mirando pornografía. Con respecto a mi relación con mi esposa la pornografía hizo que mirará a mi esposa diferente, ya no me atraía fisica ni sexualmente, ni románticamente.

Estaba todo el tiempo nervioso y en ocasiones me ponía violento. No disfrutaba estar al lado de mi esposa. Con el paso del tiempo y el consumo de la pornografía hizo que quisiera más, y ese querer más me llevo a contactar a otra mujer con la que fui infiel a mi esposa. Tres veces descubrió mi esposa que le era infiel con la misma mujer. Pero la tercera vez fue porque yo se lo confesé, estaba llegando a un punto de que ya no podía seguir viviendo así. Recuerdo que unos días antes de confesarselo nos habíamos reunido con una pareja de hermanos de otra congregación, los cuales ni sabían lo que habíamos vivido o lo que yo ocultaba, y hablando ellos y contando sus testimonios, el hombre de esta pareja dijo unos versículos que entraron en mi mente y los repetía día y noche, los cuales eran : “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8:31-32

Esa palabra fue como un flechazo al corazón sabía que no podía seguir así. Así que en una reunión con mi pastor y justamente con quienes ahora son mis compañeros de responsabilidad confesé todo lo que estaba haciendo mal, aunque no tuve el valor para hacerlo delante de mi esposa. Aunque mi pastor me dijo que debía decirselo, así que desde ese momento decidí obedecer, lo primero que hice fue llegar a casa y confesarle a mi esposa que la engañaba. Obviamente me echó de mi casa, yo sabía que iba ser así pero estaba confiado en Dios de que me iba a devolver mi familia porque le estaba obedeciendo. Al cabo de unos días volví a mi hogar pero era muy díficil la relación con mi esposa debido al dolor que le había causado. Pasado un tiempo recibí un email de Libres en Cristo lo que me hizo pensar mucho, ya que ya no era infiel pero seguía recurriendo a la masturbación y pornografía como si fuera un escape a las presiones que estaba viviendo.

Luego de pensarlo mucho le comenté a mi esposa, aunque se que también le hice daño al confesarle que miraba pornografía y me masturbaba, pero me apoyó y me animó para que comenzará el curso. Hablé con mi amigo y compañero de responsabilidad y me dió su apoyo así que decidí encarar esto con todo. Recuerdo el día en el que me inscribí en el curso, mientras completaba los datos de ingreso lloraba como un niño desconsolado, sentí que era de parte de Dios hacer el curso y que era el tiempo, ya que yo me había contactado con Libres en Cristo por lo menos un año y medio antes pero no tenía el valor para confesar lo mal que hacia las cosas. Cada lección que fui haciendo fue tocando una parte de mí, me sorprendía cuando ingresaba a hacer una lección y la lección trataba justamente de lo que estaba viviendo en esos días.

Este curso hizo que volviera a restaurar mi relación con Dios por sobre todas las cosas. Recuperé el deseo de orar cada día y leer su Palabra. Antes leía su Palabra pero era como leer un libro vacío, hoy leo la Biblia y cada versículo que leo toca mi vida de alguna manera, al orar puedo sentir a Dios llenando mi vida. Este curso me ayudó a dejar de pensar en mi mismo, hoy 5 meses después de ese triste momento que vivimos con mi esposa estamos más felices que nunca. Aprendí a compartir más tiempo con mi familia a disfrutar de mis hijos. Hoy amo más que nunca a mi esposa, disfruto cada momento al máximo, Dios restauró mi relación con él, mi familia, mi matrimonio, está comenzando a restaurar mi relación con muchas personas a las cuales dañe durante el tiempo en que yo estaba mal.

Dios me dió una nueva oportunidad, Dios me dio una nueva familia con los mismos integrantes. Dios me dió la capacidad de tener dominio propio. Hoy al escribir mi testimonio puedo decir felizmente que hace 93 días que ya no consumo pornografía ni me masturbo. Para la gloria de Dios este ha sido un tiempo hermoso en mi vida, que me ha enseñado y ha cambiado por completo mi vida. Toda la gloria sea para ti mi Señor!