Tengo que empezar a contar mi testimonio confesando que hasta hace 3 años yo me definía como una mujer cristiana “desde la cuna” y que por lo tanto no tenía un testimonio interesante o de peso para contar. Escuchaba los grandes testimonios de personas que contaban de donde Dios los había sacado y cómo había cambiado sus vidas, me frustraba el hecho de no tener un testimonio que pudiera contar y que fuera de impacto a los demás.

Otro punto que tengo que contar es que desde los 7 años inicié en el pecado sexual, a esa edad empecé a vivir mi doble vida… como esa icónica imagen de “La comedia y La tragedia” que se conoce en el teatro, vivía en la calle con la máscara de la alegría pero en privado me sentía con la máscara de la tristeza y desolación.

Por más de 20 años me vi sumida en este juego y llegué a la adultez siendo líder en mi iglesia pero viviendo una vida llena de culpa y vergüenza. Qué irónico no? Pensaba que no tenía testimonio cuando mi vida completa era una mentira y mi vida se definía por el pecado.

Vivir en pecado me llevó a una vida vacía, sola y de mentiras hasta llevarme al aislamiento social. Prefería estar sola porque así no tenía que esconderme ni fingir. La mala comunicación que aprendí desde muy pequeña me llevó a ensimismarme y no contar mi lucha, por dentro sentía que mi mundo se desmoronaba en pedazos cada vez más porque no encontraba la salida, creía que había algo malo en mí pues este problema era de hombres y no de mujeres… cuan equivocada estaba!.

En cada encuentro, retiro, plenaria, etc. que yo iba y se tocaba el tema del pecado sexual siempre lloraba y le pedía a Dios que me cambiara, pero siempre el momento era emocional.

Hoy más que nunca puedo asegurar que Dios no actúa por casualidades, Él me llevó a una iglesia diferente a la que acostumbraba ir y allí me empezó a introducir con personas muy involucradas con Él, quienes a través de su testimonio me empezaron a inyectar ese deseo de buscar el cambio de vida que Dios tenía para mí. Dentro de esas personas conocí a varios que me recomendaron LEC y fue allí donde conocí de tan bendecido ministerio que Dios usó para guiarme en el arrepentimiento, la restauración, la restitución de mi vida y a vivir una vida plena para la Gloria de Dios.

Tengo que aceptar que no fue fácil, pues me inscribí una primera vez pero yo aún no estaba lista para afrontar dejar el pecado. Mi vida espiritual no estaba bien y yo sola no logré avanzar mucho en el curso. Posterior a eso Dios comenzó atraerme hacía Él y por primera vez conocí a mi Papá Celestial. Allí empecé a tener una relación más real con Él y a dejar que él tomara el control en todos los aspectos de mi vida.

Meses después conocí a quien hoy es mi Compañera de Responsabilidad y que me contó parte de su testimonio en LEC, ella me motivó a intentarlo nuevamente y no darme por vencida. Ahora con un corazón rendido a Dios, decidí tomar nuevamente el curso y puedo decir que haberlo hecho de la mano de Dios fue algo que cambió mi vida.

Desde un inicio fue revelador darme cuenta de que el pecado era algo más allá de lo que estaba viendo o haciendo en un momento específico, se trataba de mi corazón y como éste estaba siendo prisionero en muchas situaciones de mi pasado. Poco a poco fui avanzando en el proceso y puedo decir que cada día que pasaba lo que aprendía en el curso, el estudio de la palabra, de mi mentora Rosa Martínez y mis tiempos con Dios me acercaban mucho más a Dios. Sentí como fui liberando mi corazón de muchas cosas y ahora puedo decir que vivo por gracia, vivo como perdonada y vivo cada día viendo como la misericordia de Dios está presente. Ahora hay gozo en mi corazón, Dios me regaló amigos que me han ayudado en este caminar.

Las circunstancias de mi vida no han cambiado, pero Dios cambió mi corazón y puedo decir que ya no hay más máscaras en mi vida, vivo una vida que no es perfecta pero sí genuinamente feliz!

No me queda más que decirle a los demás que están pasando situaciones similares a la que yo pasé, que no crean las mentiras que el enemigo está sembrando en su corazón. No estás solo en esto, no hay nada de malo en ti, tu vida sí puede cambiar y el único que tiene la llave para iniciar ese cambio eres tu mismo.