Me encontraba hundida en la pornografía (de todo tipo), masturbación, llena de heridas en las piernas que yo me causaba  para aliviar el dolor que sentía en mi ser.

 

Mi vida nunca fue estable. Soy hija de padres cristianos y crecí en una iglesia en la que Dios lo es todo, pero para mí Dios no era nada, le tenía rabia o miedo (supongo) porque creí no verle nunca en mis peores momentos. No sabía dónde estuvo Dios cuando abusaron de mí o cuando todo se volvía tan gris que no deseaba seguir viva, así que me pasé los años escondiéndome de él. Eso lo hice hasta que ya no pude más: estaba deprimida, pensaba en intentar suicidarme otra vez y sentía que nada tenía valor;  estaba muerta en vida. Me encontraba en una relación a distancia con otra chica y era tormentoso porque me humillaba y yo la dejaba hacerlo porque estaba enamorada.  Me encontraba hundida en la pornografía (de todo tipo), masturbación, llena de heridas en las piernas que yo me causaba  para aliviar el dolor que sentía en mi ser;  sin embargo, un día me fui de rodillas y hablé con el Señor. Le pedí ayuda y Él vino a dármela.

Fue maravilloso porque sentí su amor y su paz. Aun así, seguí luchando contra mil cosas que sabía me iban a hundir si no buscaba ayuda. Los recuerdos de todo lo que había visto (y vivido) me estaban volviendo loca y el deseo hacia otras mujeres;  Otra vez no podía más.

No sé cómo encontré Libres en Cristo, de verdad, solo leí uno de los testimonios en su página de Facebook y le di “me gusta”, así cada cierto tiempo veía que aparecían en mi perfil y continuaba leyéndolos. A veces creo que pensaba en “yo también quisiera poder decir eso” o “necesito ayuda”; pero no sabía cómo o dónde pedirla. Un día entré de nuevo a la página y pedí un consejo porque ya no podía más, obtuve una beca ya que por mi situación no podía pagar. Cuando inicié el curso no sabía bien lo que buscaba, creo que era aliviar el dolor; pero poco a poco fui aprendiendo que debía tener la motivación correcta: Dios y Su Gloria. Mi mentora Yarexi, ha sido de gran ayuda para mí con sus consejos y el apoyo que me ha brindado. Además ha tenido paciencia conmigo. He resbalado más de una vez durante el proceso, sin embargo, he aprendido poco a poco a manejarlo y Dios ha sido bueno. Cada día me enseñaba una cosa nueva y me acercaba más a Él por medio de cada lección. Me han enseñado que no debo tenerle miedo porque aunque es un Dios justo el pecado siempre trae consecuencias, me ama y es mi Padre que nunca me dejará sola.

He aprendido a perdonar, aunque es difícil, a vivir un día a la vez aferrada a mi Dios porque Él tiene cuidado de mí. Sé que la lucha no es algo de solo 60 días; es una vida entera, pero ahora tengo las herramientas para hacerlo y aunque todavía deba batallar contra los deseos lésbicos y tentaciones, no lo haré sola: Dios está conmigo. Hoy sé qué hacer si mi carne siente el deseo de una relación homosexual o si los recuerdos de toda la pornografía que vi me atacan; hoy sé qué hacer si me siento sola o sin fuerzas, si el rencor quiere llenar mi corazón o algo me hace pensar en todo el abuso que sufrí. Y mi Nueva Libertad en Cristo no la cambiaría por nada. Por eso, quisiera decirte solo una cosa: no importa el lugar en donde te encuentres, no importa lo difícil que parezca o lo sucio que te sientas… Dios puede sacarte de ahí y Libres en Cristo es una de sus herramientas. No importa lo que pase, existe algo más allá del pecado y se llama Libertad. ¡Dios te bendiga!

 

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