HECTOR

Hace algunos años, Héctor inició con su curso de Puerta de Esperanza el cual concluyó. Conforme el tiempo, podemos caer en el peligro de olvidarnos de aplicar los principios que nos mantienen en libertad. Hoy, Héctor concluye nuevamente su curso de 60 días y es un ejemplo para nosotros al vivir lo que la palabra de Dios dice: Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse (Proverbios 24:16). Lee el primer testimonio aquí.

Acostumbrado a tener una doble vida dentro de la iglesia y fuera de la iglesia, endureció mi corazón para alejarme de la ayuda y no solicitarla cuando más lo necesitaba. El pecado homosexual que practiqué fue perdonado por el poder de Dios.

Haber conocido  el poder de Dios durante mi restauración y regresar al pecado  de donde Dios me había hecho libre, ese regreso a la oscuridad  me llevó a un desanimo, vergüenza y  pérdida del  sentido de vivir.

Entendía que Dios quería trabajar en otras aéreas de mi vida para poder ayudar a otros y exaltar su nombre, pero en ese momento baje los brazos para no seguir luchando, y bajar los brazos fue dejar de orar, de congregarme en la iglesia, aislarme de mis amigos  y comenzar a buscar lugares donde anónimamente podía pecar.

Olvidé que este trayecto es de la mano de Dios y no de aislamiento. El pecado  comenzó a llenar mi corazón de envidia, temor, odio, orgullo; de esta manera me alejaba de la presencia de Dios, endureciendo mi corazón a su voz, a su amor.

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.  Jeremías 29:11 (NVI)

Los planes que Dios tiene para nosotros son de bien, aun en los momentos más difíciles que puedan parecernos, no tendré que dudar que Dios tiene un plan para mi vida. Necesitaba renovar mi pacto con Dios,  pero no tenía fuerzas para hacerlo, el  pecado oculto era tanto que impedía poder comunicarme con Dios como  lo había aprendido hacer durante el proceso de sanidad.

Mi comportamiento comenzó a  cambiar, había decido ser un esclavo del pecado nuevamente, conociendo de las consecuencias estaba cegado a la gracia y poder de Dios que una vez me levantaron.  Me sentía sin fuerzas, necesitaba confesar, erradicar todo lo que me hacia pecar pero siempre me excusé para no hacerlo.

Mis pensamientos comenzaron a perder el rumbo con fantasías de lo que antes era mi vida. Un desaliento interno comenzó a invadirme e hice lo opuesto a la palabra de Dios, no regresé a los brazos de mi Padre celestial, sino que le di la espalda. Abrazando nuevamente al pecado homosexual en forma secreta a familiares y amigos, aún sabiendo que de Dios no puedo esconderme, continué teniendo fantasías, viendo imágenes por internet de hombres con ropa interior. Hasta que llegué a tener comunicación con homosexuales de forma anónima, visitar lugares que eran para encuentros anónimos entre hombres, y ocultándome de todos. Me sentí un perdedor, y que había traicionado la verdad de Dios. En ese momento que sentí un vacio existencial me di cuenta que necesitaba la presencia de Dios, esa que me hace cantar, reir, y vivir todos los días con nuevas fuerzas. Tenía que confesarlo pero el orgullo me hacía detenerme. Hasta que un día envíe un mensaje de texto de lo mal que la estaba pasando. Conocia el camino pero no podía llegar a el. Meses de oscuridad estaban en mi vida, no veía la luz de Dios. Dejé de rendir cuentas, y era una gran carga la que sentía el ocultar tanto pecado. Necesitaba del amor de Dios en ese momento. Fue asi que pude sacar a luz el pecado que ocultaba e iniciar con el proceso de restauración que la palabra de Dios dice que da a todo aquel que pide su perdón. No olvidaré el día que le hablé a mi mentor, fueron sus palabras sabias, preguntas que me hacían ponerme nervioso de lo difícil que me parecía contestar, pensaba que las respuestas delataban lo malo que estaba. Dentro de mí había algo que quería seguir ocultando el pecado. Luego hablé con otros dos de mis líderes en ese momento pensé muchas cosas, mis rodillas temblaban del temor al castigo, y cada palabra que decía mostraba mi corazón duro y engañado que solo había construido al abandonar la verdad. ¿Alguna vez te sentiste libre? ¿Alguna vez te sentiste arrepentido y perdonado? No daba respuesta a estas preguntas que me hacían, daba excusas. –“Todo lo que decís son puros cuentos”, -me dijeron. Quería salir corriendo, una lucha dentro de mí, donde veía la ayuda como negativo, y tenían razón en todo lo que decía eran solo excusas. Luego me vi que su amor y cariño eran mayores, y tenía la ayuda que estaba buscando, que eran mis amigos, que tenía que aprender esta lección.

Si mi pueblo, que lleva mi *nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. 2 Crónicas 7:14 (NVI)

Vi manos que me ayudaban a levantarme, cada consejo, Era lo que en necesitaba para buscar arrepentimiento, perdón, erradicar todo lo que me hacía pecar, rendir cuentas y acercarme nuevamente al trono de gracia, a la comunidad entre hermanos, a mi familia.,

Dios me da nuevamente una oportunidad aún  en medio de todo el universo Dios piensa en cada uno de nosotros, escucha nuestro clamor cuando somos  sinceros con él. Es allí donde comienzo a levantarme del lodo, a dejar que Dios  tome mi vida. Esforzándome en no luchar solo, en tener un sistema de soporte de amigos que me ayuden, a crear barreras a mi alrededor que protejan la santidad de Dios en mi, a ser defensivo ante cualquier comentario, broma, o mal entendido que quiera botarme en un descuido.  A tener amigos verdaderos sin tener que caer en codependencia o “enamoramiento” de la relación que me alejaba de disfrutar una sana amistad.  Reconocer que hay hábitos en mi vida que impiden el crecimiento y madurez espiritual que Dios quiere en mi, y además de reconocer pedirle a Dios que me ayude a trabajar uno a uno con estos malos hábitos para dar lugar a los hábitos que me llevan de la mano de Dios.

Durante el tiempo que estuve en el desierto me di cuenta que los problemas en el trabajo aumentaron mucho, la vida social  fue solamente por compromiso y no  la disfruté cuando estuve en pecado, mas ahora sé que es parte esencial de lo que Dios quiere darme, un buen trabajo y un ministerio donde pueda testificar de lo grande y poderoso que es Dios, que salvó y me guarda para su honra y su gloria.

Su gracia y su perdón me dan nueva vida, dirección, amor, pertenencia y ver como Dios transforma mi vida de la mejor manera. Es un proceso que comienzo a disfrutarlo, rindo cuentas, he amputado amistades, lugares, sitios de internet y continuo la lista… valoro a mis amigos, mi iglesia. Y el tiempo de comunión con Dios es esencial diariamente, podemos vivir en libertad, podemos vivir en santidad por la gracia de Dios, por su poder únicamente. Le agradezco a Dios por todo lo que me ha permitido vivir en su presencia. Sus bendiciones son nuevas todos los días!!! Porque no nos ha dado Dios un espíritu de temor, sino de poder, y de amor, y de templanza. 2 Timoteo 1:7

2016-10-16T19:46:32+00:006 septiembre, 2011|
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