Ahora disfruto de cosas increíbles que nunca imaginé que algún día llegaría a tener. Dios ha sido bueno conmigo y su gracia se ha derramado sobre mi vida. No puedo más que agradecerle!

 

 

Recuerdo que desde pequeña empecé a sentir atracción hacia mis amigas del colegio, pero dentro de mí sabía que estaba mal. Pienso que la raíz de mi problema fue porque mi padrastro empezó a abusar de mí sexualmente cuando yo tenía 6 y eso duró hasta que se lo dije a mi mamá 7 años después. Como consecuencia de eso mi mente se dañó, y empecé a tener problemas con la masturbación y más adelante los tendría con la pornografía, también fue por eso que mi atracción hacia mujeres era muy fuerte y me asustaba.

Yo conocía a Dios, porque mi mamá nos llevaba a la iglesia, y sabía que lo que sentía estaba totalmente fuera foco. Sin embargo ahí seguía el problema hasta que se intensificó, y eso fue en mi adolescencia, tiempo en el que estuve totalmente alejada de las cosas de Dios. Fue en un equipo de fut donde conocí a una chava que sentía lo mismo, y tuve una relación con ella. Ahí fue donde empezó mi recorrido por la homosexualidad. En la prepa mi círculo de amigos y amigas era la mayoría gay. Así fue que conocí a varias chicas con las que sostuve una relación.

Todo esto estaba oculto a mi familia, era una persona con una doble vida que no quería ser descubierta. Sin embargo, así pasó, pero “fingí” un cambio, y seguí en las mismas. Mi vida cambió realmente cuando, a pesar de todo lo que aparentemente me hacía feliz, sentí un profundo vacío dentro de mí, tanto que me dolía, y me acordé de Dios.

Empecé de nuevo a buscarlo y le entregué mi vida cuando tenía 19. Inmediatamente empecé a hacer cambios, me alejé de ese ambiente, y me decidí dejar la homosexualidad, sin embargo a pesar de ya no tener ningún contacto, en mi mente no podía dejar de pensar en cosas inmorales.

Regresé a la misma iglesia donde estuve de pequeña, y me reencontré con un amigo que a mis 12 años me gustaba, comenzamos a salir como amigos, y después nos convertimos en novios. Él desde un principio me confesó que sus intenciones conmigo eran para matrimonio, y la verdad me ilusioné, y me enamoré como nunca en mi vida de un hombre. Sin embargo tenía temor porque no me sentía digna de un regalo como ese, y tenía dos opciones: ocultar lo que alguna vez fui, o arriesgarme a perderlo por la verdad. Opté por la segunda, y más que nada porque dentro de mi corazón había algo que me empujaba a confesárselo, y tenía la convicción de que si no se lo decía ahora de todas formas en el futuro iba a salir a la luz y sería más complicado. Así que me arriesgué y con toda la vergüenza del mundo se lo dije. Está de más decir que no pude contener las lágrimas. Su reacción fue de lo más comprensivo y cariñoso del mundo, hasta me llamó valiente por habérselo dicho, ése fue un gran alivio para mí. Una semana después me entregó el anillo de compromiso y 5 meses después nos casamos.

Después de la boda decidimos capacitarnos en Liderazgo Juvenil y durante una clase de Sexualidad y Juventud que me enteré del ministerio de Libres en Cristo, y que había un curso para los que tenían problemas en algún área sexual. Y me metí, y me di cuenta que aún tenía cabos sueltos que no había atado, no había cortado del todo con lo que me acercaba al pecado, pero al practicar lo que el curso enseña, como el empaparse diario de la Palabra de Dios y hacer cortes radicales, fue que mi mente se fue purificando y ahora puedo decir que soy totalmente libre de lo que antes me ataba. Ahora disfruto de cosas increíbles que nunca imaginé que algún día llegaría a tener. Dios ha sido bueno conmigo y su gracia se ha derramado sobre mi vida. ¡No puedo más que agradecerle!