Durante mucho tiempo construí un mundo basado en mentiras y secretos. Por muchos años vivía en un circulo vicioso de pecar, sentirme mal, arrepentirme y pedir perdón. Conforme pasaron los años empecé a creer mentiras y engañarme con pensamientos de que no hacia daño a nadie si vivía una vida de vicios y pecados sexuales en pornografía y masturbación. Este era mi secreto.

Esas mentiras cada vez eran más fuertes y mantener esa doble vida consumía mis energías, físicas y emocionales. Alimentaba mi mente diariamente con este pecado hasta que llegue a caer en lo más bajo provocado por una infidelidad. Lastimando a mi esposa de manera muy fuerte y destruyendo a mi familia y mi matrimonio.

Aunque en el fondo me arrepentía llegó el día en que me encontré ante la realidad de que tenía un problema y que era momento de enfrentarlo. En ese momento me enfrenté a la realidad de que era un adicto sexual. Enfrentar esta enfermedad, aceptar la adicción y darme cuenta de las consecuencias de mis actos fue un momento muy doloroso. Sin embargo el día que reconocí mi adicción, Dios me tendió su mano y durante los 60 días que duró este curso, he visto la gloria de Dios manifestarse de manera increíble, en mi matrimonio, en la relación con mi esposa y en mi familia.

He aprendido a rendirme ante Dios y pedir su protección, he aprendido a tener un dominio propio sobre mis pensamientos y mis impulsos. El curso de Visión Clara, me ha llevado por un viaje en donde reconozco que Dios tiene un propósito para mi vida, la vida de mi esposa e hijos ya que nunca es tarde para reconocer los errores y confesar mi pecado. Gracias al amor y apoyo de mis mentores, familia y amigos que en este proceso me han brindado su mano.

Hoy me siento fortalecido de saber que Dios libra conmigo estas batallas diariamente. He aceptado que no tengo control sobre mi enfermedad y reconocerlo me hace más fuerte. He aprendido a huir de la tentación y no exponerme. Es un proceso día a día y eso me ha dado mayor libertad de poder vencer las tentaciones.

Ha sido un proceso liberador, algo que nunca hubiera podido lograr por mis propias fuerzas. De la mano de Dios cada día es una nueva oportunidad de salir victorioso.