Desde muy pequeño comencé a consumir pornografía y a masturbarme. Primero era algo que practicabamos entre mis amigos como una travesura, pero con el paso de los años se volvió algo cada vez más arraigado en mi vida. A los 16 años conocí a Dios y me bauticé, sin embargo no detuvo esto mi adicción. A los 19 inicié mi primer noviazgo con una chica no cristiana, a la que al poco tiempo llevé a tener relaciones sexuales conmigo luego de mucha insistencia y manipulación de mi parte.

Luego de algunos años empezó a despertarse en mi un fuerte deseo de querer algo mas, y fue así como comencé a engañarla con otras chicas. Esto llevó a que al tiempo nuestra relación terminara, continuando luego una vida llena de todo tipo de pecados sexuales donde manipulaba los sentimientos de muchas chicas para lograr satisfacer mis deseos.

Hace poco más de un año conocí el Ministerio Libres en Cristo a través de su página en Facebook e inicie el curso, pero al poco tiempo lo dejé y continúe con la vida de pecado. Hasta que esté año Dios me llevó a diferentes situaciones que me hicieron ver que esa no era la vida que deseaba para mi y que había una salida si me tomaba de su mano.

Es así que inicié nuevamente el curso, con la convicción de que Dios podía sacarme de esto y que este sería el año de mi libertad. En este proceso he pasado por momentos difíciles, he caído pero me he levantado confiando en el perdón y la misericordia de nuestro Señor. Debí romper con mi orgullo y con esa imagen que siempre quise que los demás tuvieran de mí. Confesar mis pecados a mi pastor y a mis compañeros de responsabilidad para lograr sacar a la luz esto que hacía tantos años ocultaba.

Hoy al finalizar este curso, se que en realidad es el inicio de la segunda parte de este proceso, en la cual deberé mantenerme firme en los pilares de libertad y aferrarme más que nunca a Dios para lograr llevar una vida que verdaderamente glorifique a nuestro Señor y dé testimonio de su amor y misericordia por nosotros. Agradezco a todo el equipo de Libres en Cristo por su ministerio y especialmente a mi mentor Claudio por sus consejos, oración y también por sus correcciones cuando fueron necesarias. Dios los bendiga hermanos.