CESAR

Conocí al Señor a los 18 años, yo para esa etapa ya estaba perdido en la adicción de la pornografía y la primera promesa que adquirí con El fue deshacerme de un inmenso nido de perdición que tenía en una torres de CDs llenos de películas pornográficas. Lo hice y sentí mucha libertad. Con el tiempo sucedió que sustituí una adicción por otra y la masturbación me hizo presa de mi mismo. Nuevamente recurrí a Dios quien fielmente me libró del lazo del cazador. Después de ese episodio pensé, “por fin soy libre para amar con todo mi ser a Dios”.

Años después sirviendo activamente en la iglesia en la que actualmente estoy, caigo en el pecado de fornicación. Dios me habla de forma increíble a través de personas que ni conocía y recibo una advertencia clara para dejar mi pecado, experimento un arrepentimiento genuino y me alejo totalmente de aquello que me hace pecar, pero cometo un error grave en mi ignorancia: No lo confieso a nadie.

Seguí con mi vida normal sabiendo que Dios ya me había perdonado, pues le pedí perdón y me alejé de mis pecados (según yo), pero Dios me sorprende sacando aproximadamente un año después todo mi pasado a luz de mis líderes espirituales. Se enteran de todo lo que hice y como es lógico me confrontan.

Es así como llegué a Libres en Cristo, ocultando mi pecado, nunca buscando mi restauración y fingiendo que nada pasó. De esos poco más de 60 días para acá Dios ha ido moldeando mi vida mostrándome que ocultar mi pecado no me restaura, sino que hace que deje puertas abiertas a la tentación y eventualmente a seguir pecando de otra forma. Dios me mostró a lo largo de este curso cuánto daño me hizo la pornografía, que aunque la dejé de ver hace tanto tiempo, nunca busqué restaurar mi mente y corazón, por tanto nunca desaparecieron las secuelas, solo iban mutando en mi cabeza y aunque a paso lento mi corrupción mental iba creciendo hasta que llegué a dañar a otras personas.

Si algo me ha dejado Dios como una obra maravillosa en estos 60 días es el hábito de buscarlo a El a diario, es preguntarle a El lo que quiere de mi vida antes que a mi mismo, es tomar mi Biblia a diario, en mis tiempos difíciles y en mis ratos libres. He logrado forjar el hábito de acercarme a Dios a diario con la oración.

Ahora me siento libre, en paz conmigo mismo, con Dios y con las personas a las que herí y me siento con manos limpias y corazón puro para poder servirle a Dios en cualquier área con todas mis fuerzas. No es que me sienta santo y libre del pecado, es que vivo día a día con las tentaciones y busco acercarme a Dios a través de su palabra y hacer cosas que antes no hacía: orar, leer la Biblia y cerrar la puerta a la tentación.

No puedo describirte lo que agradezco a Dios por la oportunidad de haber conocido de Libres en Cristo, puesto que no había dimensionado lo lejos que andaba de su camino, pero más grande fue Su amor para restaurarme y abrirme los ojos para reaccionar a tiempo. Dios me amó tanto que me dió la oportunidad para recapacitar y volver a acercarme a Su presencia.

2017-10-10T11:54:00+00:00 10 octubre, 2017|
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