Fue muchísimo más difícil poder hacer la confesión correspondiente a mi esposa la cual se alargó casi hasta el final de curso, pero hoy por el poder de Cristo y para la gloria de mi Salvador, puedo decir que soy libre.

 

 

Yo crecí en una familia disfuncional y visitamos muchas iglesias durante mi niñez y adolescencia. Tuve algunas prácticas impuras en la niñez y estuve expuesto a pornografía. Aunque en la niñez tuve tendencia a ser un poco afeminado, un maestro de escuela dominical me ayudó y entonces durante la adolescencia me esforcé para contrarrestar esto en la forma de hablar o comportarme y para la época de entrar a la universidad me consideraba un joven completamente varonil, sin embargo, llevaba dentro de mí impulsos homosexuales y ya era adicto a autosatisfacerme sexualmente y también adicto a la pornografía.

De los 20 a los 35 años viví sumido en el homosexualismo, me fui involucrando poquito a poco, primero con gran temor pero luego llegué hasta el fondo y hasta tuve relaciones homosexuales “estables” es decir que duraron por años. Mis parejas homosexuales pasaban para mi familia, simplemente como amigos de fiesta. Siempre fui promiscuo, aprovechaba cualquier oportunidad. Tuve muchos vicios también por causa del ambiente impuro en que vivía. Vivía una vida de superficialidad, placeres y de hipocresía también y estuve muy cerca de aceptar la corriente religiosa que aprueba el homosexualismo, pero en el fondo de mi corazón sabía que eso era incorrecto.

Después de 15 años de vivir de esta manera, ocurrió algo que impactó mi vida, mi compañero sexual resultó infectado con el HIV. Esto causó muchísimo impacto en mi vida, porque siendo yo muchísimo más promiscuo e irresponsable, al hacerme los exámenes resultaron negativos. Tomé esto como un mensaje de Dios, como una oportunidad. Comencé a leer la Biblia y a tratar de orar y comencé a visitar una iglesia.

Por medio del estudio bíblico Dios y la lectura de predicaciones de C.H. Spurgeon, Dios me llevó al arrepentimiento y la comprensión del verdadero evangelio. Comenzó un cambio bastante importante en mi vida, Dios actuó para guiarme a las cosas que tenía que hacer para caminar en victoria y por algún tiempo perseveré y dieron resultado.

A los tres años de ir a la iglesia me casé, sin embargo poco a poco, por causa de negligencia, ignorancia de ciertas doctrinas importantes y por muchas otras circunstancias, comencé a caer esporádicamente en pecados de autosatisfacción sexual y de mirar pornografía. Al principio no podía entender que sucedía, pero poco a poco fui cediendo y entonces comencé a disminuir en mi servicio a Dios, sentía que caminaba arrastrando los pies, me sentía cada vez más infeliz por causa de las caídas en pecado, pero no lograba levantarme y me dolía mucho la vida que tenía fingiendo ser un buen cristiano y practicando pecados de inmoralidad homosexual de forma frecuente. Fueron muchas las lágrimas, fueron muchos los intentos fallidos y llegué a sentir una desilusión tan grande que pensé que no había ninguna salida para mi situación de miseria, cuando me levantaba de un período de pecado, de charlas sucias por internet, haber visitado sitios de videos pornográficos, o visitas a parques y lugares de reunión de homosexuales promiscuos, solo pensaba para mí mismo, ¿cuánto tiempo duraré esta vez sin volver a caer? Mi salud se vio muy afectada, emocional y físicamente. Estaba precisamente haciendo “un intento más” por salir del oscuro pozo en el que me encontraba, con unas pocas semanas de victoria sobre el pecado.

Por la gracia de Dios, leyendo los comentarios de un foro en Internet supe del sitio “Liberando a los Cautivos”. En este curso repasé muchas verdades bíblicas que yo conocía, y comprobé que muchos de los métodos y amonestaciones y sugerencias que el curso contiene, yo los había intentado antes en alguna medida, sin embargo no tenía el “paquete completo”, el orden correcto, el énfasis correcto. Me gocé muchísimo en encontrar este sitio donde se expone con tanta claridad la Palabra de Dios que es viva y eficaz y al seguir metódicamente cada lección, el Señor me concedió libertad definitiva sobre la horrible cadena del pecado de inmoralidad homosexual. Fue muy difícil encontrar alguien para rendir cuentas, pero Dios finalmente proveyó, y fue muchísimo más difícil poder hacer la confesión correspondiente a mi esposa la cual se alargó casi hasta el final de curso, pero hoy por el poder de Cristo y para la gloria de mi Salvador, puedo decir que soy libre, y entre más conozco a Cristo y Su verdad, voy experimentando una libertad cada vez plena. Gloria a mi Señor.