Puedo decir que soy libre; Cristo me hizo libre y me ha dado valiosas herramientas para vencer la tentación en el día malo.

 

Realmente no recuerdo cómo fue que me involucré en el mundo de la homosexualidad. Sólo sé que de niño (3 años) tenía ciertos pensamientos y deseos que un niño normal no puede tener. Mi familia es cristiana, siempre vivía bajo la sombra de uno de mis hermanos y mi Padre, al parecer, siempre quiso que yo fuera como mi hermano, además, a pesar de vivir bajo el mismo techo, yo no existía para él.

Mis padres me criaron independiente, totalmente apartado. A la edad de 7 años tuve mi primer contacto sexual. De allí la curiosidad no se detuvo. A los 15, ya tenía mucha experiencia en el campo de la homosexualidad.

Siempre supe que Dios me amaba, siempre quise ir a la iglesia, a veces el pecado me mataba, pero yo quería seguir el rumbo de la homosexualidad. Me auto engañaba y me hacía creer que esto ya iba a pasar… que algún día iba a ir a la Iglesia y todo iba a pasar.

A los 19 años, mi hermano mayor me llevó a la iglesia y decidí aceptar a Jesús como mi Salvador. De primera todo fue excelente, pero la tentación, la pornografía, los chats gay, los deseos homosexuales me ganaron. Tanto que, cuando llevaba un año de ser Cristiano, me enteré de que era portador de VIH. Casi 5 años después, seguía siendo cristiano, ministrando grupos de jóvenes, ministrando alabanza y en secreto manteniendo relaciones homosexuales.

Una vez, un amigo, sólo por querer mostrarme una página web, me llevó a Libres en Cristo, acepté entrar, acepté inscribirme y ser libre de una vez por todas. Pero…. Se me fue la Internet, se me echó a perder la laptop, no pude terminar el curso. Pasó casi un año, y entre intento e intento de ser santo ante Dios, abrí los ojos y le dije a Dios que si me daba los medios para tener un laptop hacía el curso y como sea lo terminaría…. y así fue… a la semana después llegó el Laptop y otra vez volví.

Cuesta mucho asumir, hablar (confesé mi pecado a mi Pastor y a otro hermano de la iglesia)… pero gracias a Dios, nadie me condenó. Puedo decir que soy libre; Cristo me hizo libre y me ha dado valiosas herramientas para vencer la tentación en el día malo. Doy gracias a Jesús por su fidelidad, a José, mi mentor, por la paciencia y esas largas noches de confrontación.  A mi Pastor, quien supo escuchar y atender así como sólo Jesús lo puede hacer…Doy Gracias a Juan, un gran hermano en la Fe…por simplemente escuchar y confiar. Yo encontré a Libres en Cristo y ellos me guiaron a encontrar a Dios. Gracias.