Crecí en un hogar con bastantes carencias, tanto afectivas como económicas. Mi padre era un hombre alcohólico, desde que tengo uso de razón. Vi como mi padre nos agredía, esto creó en mí una personalidad temerosa y sin valía, en mi círculo social (amigos, familiares) no existían personas creyentes y me desenvolvía en un ambiente en donde, el sexo fuera del matrimonio, el adulterio, el alcohol era algo que no estaba mal.

A la edad de 18 años me involucré con un hombre casado y esa sería la primera relación de adulterio, unos años más tarde me casé, mi esposo era un hombre bueno, y sin embargo al poco tiempo me involucré en una segunda relación de adulterio con un compañero del trabajo que también era casado. Ambos nos divorciamos de nuestras respectivas parejas y pensamos que todo sería color de rosa, que estaríamos felices para siempre.

Pero realmente todo fue terrible, estaba envuelta en una relación sumamente tóxica y en nuestro afán por solucionar nuestra relación llegamos a una iglesia Cristiana en donde conocí al Señor cinco años antes de conocer Libres en Cristo. Allí empecé a entender que mi manera de vivir era totalmente incorrecta; el pastor y varias personas nos dijeron que debíamos separarnos , ser amigos y ver en lo posterior si Dios quería que estuvieramos juntos. No fuimos obedientes y seguimos viviendo en pecado hasta que después de tanto dolor decidí apartarme de él.

Al poco tiempo conocí a mi actual esposo tuvimos un noviazgo corto e involucramos relaciones sexuales, yo pensaba que al casarme se acabarían todos mis vacíos, no volvería a estar sola y me sentiría amada. Todo fue terrible, una vez más estaba envuelta en este caso en una matrimonio sumamente tóxico, me sentía sin valor, pensaba que mi esposo me hizo un favor al fijarse en mí, me sentía fea y me comparaba con otras mujeres. Creía que solo mediante el sexo lo podría retener, obviamente no fue así, por lo que después de tanto en diciembre 2017 salió de nuestra casa.

Durante un tiempo volvía solo para tener relaciones y yo accedía pensando que con ello volvería, pero cada vez que eso ocurría yo me sentía tan triste, pensaba que no valía nada. Sin embargo seguía pensando que tener pareja era la solución para ser feliz, por lo que contacte a mi ex pareja y empezamos hablar, en principio únicamente como amigos. Pero luego me involucré nuevamente en una relación con él, repitiendo el patrón.

En ese momento Dios llegó a mi rescate y conocí a Mónica Ortiz mentora del ministerio, empecé a tomar una terapia con ella y me habló de Libres en Cristo. Inicié el curso varios meses después de saber del ministerio porque pensaba que no era para mí, aún no reconocía que tenía un problema, un poco escéptica. Hasta que leí los testimonios de las personas que estaban experimentando la libertad en su vida.

Aunque un poco temerosa decidí entregarle mi vida a Dios de manera real, dejé de resistirme a que El obrara en mi vida. Mi amado Padre me regaló una promesa 1 Corintios 5:17, y en realidad he podido experimentar el cambio que está haciendo en todas las áreas de mi vida.

Me aparté del pecado, he dejado de buscar satisfacción en una relación de pareja, me siento muy valiosa, y he podido perdonar a mi padre. Ahora estoy restaurando mi relación con el aunque no vivimos juntos, lo visito seguido y el también a mí, estoy pendiente de el.

Pude sanar la figura paterna y conocerle a Dios como mi padre. Me involucré en el ministerio de teatro en mi congregación y ahora me relaciono de manera más sana. Disfruto de la presencia de Dios y de leer diariamente su palabra.