No fue el curso que me hizo libre, fue reconocer mi pecado, humillarme y rendir mi vida a Jesús.
Desde mi infancia recuerdo no haber sido un chico muy extrovertido para algunas cosas, tampoco me consideré un excelente deportista, aunque era bueno para muchas otras cosas crecí con inseguridad de mi propia hombría, las películas pornográficas a muy corta edad despertaron en mi el deseo sexual empezando así a autosatisfacerme.
A la edad de 15 años tuve mi primer encuentro sexual con otro hombre el cual yo mismo busqué, estuve en dudas de mi orientación sexual por varios años hasta que terminé el colegio, tuve mucha suerte en gustarle a muchas chicas pero lamentablemente escogí otro camino. En el último año de colegio mi hermana me invitó a la Iglesia y en ese momento decidí aceptar a Cristo y me empecé a llamar cristiano, así empecé la Universidad siempre con dudas de mi orientación.
A medida que pasaba el tiempo empecé a conocer más hombres con quien tener relaciones por medio de salas de chats a tal punto que llevaba una doble vida sirviendo en el grupo de jóvenes de la iglesia pero viviendo la vida homosexual. Llegué a amar ese estilo de Vida eso me llevó a revelarme con mi familia y algunas autoridades de la iglesia, y siempre me sentía culpable en estar haciendo lo incorrecto, queriendo llevar una vida “normal” sin esconderme pero no podía, ya que quería seguir en la homosexualidad. También empecé a consumir alcohol para sentirme mejor o aliviar un poco mi culpa, algo dentro de mí me decía que no lo hiciera pero igual lo hacía.
No fue hasta hace unos meses que en una prédica, el Pastor de mi Iglesia tocó el tema del pecado homosexual a la luz de la Palabra de Dios, nunca lo había visto con tanta claridad; fue un nuevo despertar para mí y cansado de ese estilo de vida Dios habló a mi corazón y me dijo que aun estaba a tiempo de ser libre.
Luego de 12 años viviendo en vida homosexual, decidí alejarme de ese ambiente alejándome primero de las amistades y bares que frecuentaba, pero no sabía qué rumbo tomar de allí en adelante hasta que un amigo me habló de la pagina de Libres en Cristo que empecé a ver testimonio tras testimonio de liberación y descubrí que no era yo el único y que habían mas cristianos como yo y que la Gracia de Dios los había alcanzado.
Con temor empecé el curso y también con algunas recaídas en el proceso, pero pude descubrir verdades que no conocía. Descubrí que Jesús ya había pagado el precio por mí, yo ya no era un homosexual y no debía seguir viviendo así, no fue el curso que me hizo libre, fue reconocer mi pecado, humillarme y rendir mi vida a Jesús, descubrir que sin Él no soy NADA, Dios me hizo libre cambiando mis sentimientos y mis pensamientos.
Doy gracias a Dios por Libres en Cristo, por las oraciones de mi familia, por mi mentor Eduardo Mejía y amigos que me apoyaron; y más que a nadie le doy gracias a Jesús porque me salvó.


