Hoy puedo decir que soy muy diferente de aquel muchacho que empezó el curso. Hoy vivo de forma que le agrada a Dios.
Por mucho tiempo, casi 10 años, fui adicto a la pornografía y masturbación. Aquello que empezó como un juego, curiosidad, tratar de encajar con los demás, bromear con los “amigos”, me atrapó en un laberinto del que ya no podía salir, del que no tenía idea de cómo había entrado, pero del que estaba seguro no quería continuar. Quizás no llegué a tener relaciones sexuales con las chicas, pero el hecho de buscar pornografía, masturbarme, vivir a la defensiva, tratando de ocultar todo, viviendo una doble vida y con esto fraccionar mucho mis relaciones interpersonales con mi familia y las chicas particularmente; son algunas de las consecuencias que estaba viviendo.
La más dolorosa evidencia de que mi pecado me estaba destruyendo era que mi relación con Dios era prácticamente nula, asistía a la iglesia, “daba buen testimonio”, hablaba como cristiano, pero la verdad era otra; solo Dios y yo sabíamos cómo estaba todo el asunto y esa relación estaba rota. Yo estaba confundido, sin motivación para vivir, sin un porqué levantarme cada día, en fin a la deriva. Estas situaciones no me permitían crecer ni como persona ni como cristiano, pero, Dios puso ciertas personas y situaciones en mi vida en las que me vi confrontado con la Palabra de Dios y mis acciones de buscar pornografía y masturbación.
Estaba trabajando con el grupo de jóvenes adultos de mi iglesia, pero no tenemos pastor de jóvenes, así que nosotros tomamos el reto de dar las enseñanzas, prepararlas, buscar ayuda de gente de más experiencia, y una de ellas, una de mis líderes espirituales de mi adolescencia regresó a la Iglesia, se había ido a estudiar teología a Argentina; me habló para que tomara parte del liderazgo de jóvenes. Esto hizo que recordara por qué Dios me había llevado a ese lugar, me recordó que Dios me había perdonado de mi pecado en primera instancia y eso me había estado incomodando todo el año, más que los últimos 2 donde ya estaba más consciente de mi pecado y deseaba estar libre, intentando infructuosamente de lograrlo en mis fuerzas.
Dios obra de formas que no entendemos. Hacía más de un año uno de mis mejores amigos fue a una convención juvenil a Guatemala, y casi un año después, en su cuenta de Twitter publicó un anuncio de Libres en Cristo, yo tenía como 2 días de haber renovado mi compromiso con Dios de no fallar (otra de miles!), pero esta vez fue diferente, le di click al link, creí que solo era una frase bonita, comencé a dar click tras click hasta encontrarme con testimonios, talleres y hasta un curso. Bajé de inmediato esa noche unos 10 talleres y al día siguiente los estaba escuchando en mi celular en mi trabajo, fueron tan confrontantes, tan personales, que me quede sin excusas ni argumentos, cada taller me hablaba directamente la Palabra de Dios y al llegar a casa decidí inscribirme en el curso. Estaba emocionadísimo por empezar, había encontrado el camino que había perdido hacía ya mucho tiempo y luego de un par de días, recibí respuestas y comencé el curso, día a día, comprometido.
Hoy puedo decir que soy muy diferente de aquel muchacho que empezó el curso. Hoy vivo de forma que le agrada a Dios, sé que tengo mucho por mejorar, pero esta vez tengo más confianza y dependencia de Dios. Dios fue, es y ha sido misericordioso conmigo, dándome más de lo que me podía imaginar y hoy puedo dar ese testimonio, puedo ser ese testigo el perdón de pecados y la redención solo se obtienen en Cristo.
Gracias Setting Captives Free y Libres en Cristo por este ministerio Gracias Ever Montano por tu tiempo invertido has corrido esta carrera conmigo y estamos cerca determinar la primera etapa un abrazo a la distancia, muchas bendiciones.


