Ahora que soy libre, tengo luchas con mis pensamientos, pero ya no me gobiernan y el orar es más fácil, también el leer la Biblia.
Un domingo comenzaron a predicar la palabra de Dios, y el libro en el que se basaban era Jonás, antes había leído éste y se me hacía bastante ridículo como el profeta huía de Dios, pero durante las prédicas entendí que yo hacía lo mismo porque ocultaba mi pecado y no me daba cuenta que eso podía empeorar mi vida.
Estaba metido en la masturbación y hasta ese momento no me daba cuenta o más bien creía que era normal. Entonces al verme confrontado con la palabra, primero huí, después busqué un buen argumento de por qué no expondría mi pecado y finalmente se lo dije a mis pastores.
Entonces comenzó la sanidad, primero a restablecer mi relación con Dios, yo creía que sí tenía una buena comunión con Él, pero no era así. También empecé a orar en serio, y a veces mis oraciones eran peleas, reproches pero sin palabras bonitas, junto con el orar fue el leer la Biblia, primero leía mucho pero me atoraba en algunos libros porque se me hacen difíciles de entender. Paralelamente luché y sigo luchando con mis pensamientos, antes cuando era esclavo, éstos me ordenaban qué hacer y no oponía resistencia alguna. Ahora que soy libre, tengo luchas con mis pensamientos, pero ya no me gobiernan y el orar es más fácil, también el leer la Biblia.


