Desde los 26 empecé a descender en la actividad sexual, incluso con mujeres casadas.
Sinceramente no recuerdo bien qué edad tenia, creo que entre 9 y 11 años, pero si recuerdo como empecé a involucrarme en el pecado sexual. Una familiar tocaba mis partes sexuales y dejaba que yo hiciera lo mismo con ella. Después de esa experiencia empecé a involucrarme en la masturbación.
Siempre iba a las casas de las vecinas para tratar de espiar algo que despertara mi mente, y creaba fantasías al respecto. Luego tuve a acceso a la pornografía por cable; lo hacía porque me mantenía solo en casa casi todo el tiempo.
Después, a los 13 años, empecé a tocar sexualmente a algunas niñas. A los quince empecé a ver pornografía a los cines en donde no había ningún control por la edad, y a relacionarme con mas amigos que hablaban mas de ese tema. Fue entonces que mi problema empeoró, porque buscaba más maneras para satisfacer ese deseo incontrolable.
Era un tormento porque quería estar involucrado en actos sexuales todo el tiempo, mi mente solo descansaba cuando estaba ocupado haciendo algo; con las novias que tuve llegamos a propasarnos mucho en los límites sexuales. Desde los 26 empecé a descender en la actividad sexual, incluso con mujeres casadas. Todo eso causo problemas con mi economía, trabajo, familia, amigos. Vivía deprimido todo el tiempo y tenía un mal carácter que realmente me causó una vida llena de amargura.
Luego Dios me permitió conocer a un amigo que había pasado por problemas de pecado sexual y comenzó a testificarme algo de su vida y luego me invito a un seminario de Libres en Cristo. Al escuchar lo que allí aprendí, quise hallar la manera de salir de esa esclavitud, (ya lo había hecho antes pero no había dado resultado, clamaba, ayunaba, me liberaban pero seguía igual).
Me inscribí en el curso, y sé que Dios escuchó mi clamor en los años anteriores, pero creo que lo que realmente lo que me dio libertad fue cada una de las lecciones de este curso que fueron inspiradas por Dios; en obediencia y perseverancia he llegado hasta este momento, en el cual estoy disfrutando de una libertad que anhelé por años.
Hoy puedo decir con toda honestidad que vivo en libertad y en la luz de Jesucristo. Dios, en mi corazón y mi mente, no tengo palabras para describir la manera en la que estoy viviendo, pero si puedo decir que estoy libre y viviendo en santidad. Mi vida ha cambiado totalmente. Bendito sea Dios.


