Sé que el curso o los 60 días no son los que me han podido dar libertad, sino que todo se debe a Dios y a su Gracia, Gloria sea a Dios por su inmenso amor y misericordia.
Desde mi niñez fui afectado por abusos de parte de mis primos y de algunos trabajadores que laboraban en la finca de mi papá, sus abusos iban desde incitarme a autosatisfacerme hasta a cometer bestialismo. Crecí con mucha dificultad para relacionarme con los demás, incluso ya en mi secundaria me quedaba muy difícil relacionarme con mis compañeros de curso o hacer amistad con alguna persona.
Siempre tuve curiosidad por explorar mi cuerpo y en el área sexual me fui pervirtiendo hasta el punto de cometer actos inmorales muy bajos, a mitad de mi secundaria empecé a sentir atracción sexual por mis compañeros de curso, y esto fue creciendo. Me autosatisfacía utilizando como estimulo pensamientos lujuriosos con compañeros de colegio o con algún hombre que me pareciera atractivo, empecé a frecuentar el internet en busca de algo más fuerte que me estimulara sexualmente.
En el pueblito donde vivía era muy difícil entrar a internet, por eso cuando viaje a la capital encontré mucha más facilidad para entrar a observar pornografía homosexual y anhelar un encuentro con algún hombre, así me fui pervirtiendo mas y mas.
Mi familia hasta el momento no sabía nada de mi situación, cuando se enteraron intentaron muchas formas de ayudarme, psicólogos, charlas con mis familiares, hasta me aconsejaron asistir a una iglesia cristiana donde se “expulsaban demonios”. Asistí por varios meses con la esperanza de que podría ser “sanado” milagrosamente y no causar dolor a mi familia y llegar a ser un hombre normal.
Estaba equivocado hasta ese entonces pues lo que yo necesitaba era una genuina libertad del pecado y ser salvo de la condenación a la cual llevaba éste. Estando en aquella iglesia asistí a un campamento de un ministerio argentino donde verdaderamente se me predico el evangelio y decidí creer en Cristo como mi Salvador por primera vez, pero seguía errado en cuanto a querer ser libre de toda tentación y deseo carnal por los hombres.
No comprendía que era una batalla hasta el fin de mi vida, empecé a asistir a una nueva iglesia en la que se predicaba la Biblia en una manera sólida, allí después de un tiempo compartí a mis hermanos que en mi antigua vida había tenido tendencias homosexuales y que en ese entonces disfrutaba de libertad, lo cual era cierto, pero poco a poco me fui descuidando y envolviendo de nuevo en estas tendencias y prácticas, todo en silencio sin compartirlo a la iglesia, ni siquiera a mi mejor amigo con el cual tenía buena confianza.
Fue así como llegué a cometer pecados que no había cometido incluso cuando era inconverso, mi vida espiritual fue decayendo y empecé a tener una vida religiosa, asistía a la iglesia, compartía con los jóvenes partidos de futbol y juegos sanos, llegue a involucrarme en el coro de la iglesia y a discipular a un joven pero todo por tratar de ocultar la realidad de mi vida, e ignorando que Dios no puede ser burlado, un día en que no participé de la Cena del Señor, el anciano de mi iglesia habló conmigo y confesé todo lo que era mi vida oculta, él me expreso su amor y preocupación por ayudarme siempre y cuando fuese sincero y tuviese genuino interés de cambiar.
Le compartí que ese era mi deseo y fue así como por amor fui puesto en un tiempo especial de disciplina en la cual la iglesia me ha rodeado con su amor y misericordia, de eso hace ya cinco meses, ahora después de haber completado los 60 días del curso, puedo ver la gracia de Dios en todo, a su tiempo se descubrió todo, pero también a su tiempo Dios me llevo a encontrar el ministerio de Libres en Cristo el cual me dio este curso. Sé que el curso o los 60 días no son los que me han podido dar libertad, sino que todo se debe a Dios y a su Gracia, Gloria sea a Dios por su inmenso amor y misericordia.


